22/1/2008

Un encuentro con.....el talento

"Da igual. Prueba otra vez.
Fracasa otra vez. Fracasa mejor".
Samuel Beckett






Las emociones son el motor de nuestras acciones. Todo lo que hacemos es fruto de lo que estamos sintiendo en determinado momento. Si, por ejemplo, corremos es porque nos sentimos atemorizados ante la presencia de una posible amenaza.




Muchas veces, nos dejamos llevar por nuestras emociones y les permitimos manifestarse abiertamente. En otras oportunidades no las podemos ocultar y brotan a flor de piel. Y en algún momento hemos querido reprimirlas y ocultarlas para no demostrar nuestra vulnerabilidad o impedir que el otro nos conozca mejor.




Este laberinto intrincado de las emociones es la herramienta fundamental para el trabajo del actor. Pues actuar, es mucho más que jugar a ser otra persona, es prestar el cuerpo para que un personaje pueda manifestarse. En este "juego" de asumir otro rol, y permitirse ser quien no se es, el manejo y aprovechamiento de las emociones juega un papel muy importante. Los personajes sienten y padecen por sí mismos, sin embargo, necesitan de las emociones y de las propias experiencias del actor para saltar a la vida y convencer al expectador de su existencia.




La construcción de un personaje exige dedicación por parte del actor. Éste debe conocerlo, saber su historia, pero sobre todo, debe saber ponerse en su lugar, entender cómo se siente para poder darle vida de la manera más realista posible. Hay personajes intensos, que producen un gran desgaste emocional en su "ejecutor" y otros más ligeros, que si bien precisan de una construcción y de un estudio detallado también, su ejecución es menos intensa y agotadora.




Todas estas reflexiones, y mucho más lo compartió la actriz venezolana Francis Rueda con quienes fuimos a verla al CELARG el pasado fin de semana, en su presentación "Un encuentro con Francis Rueda".




Cuando me enteré que ella cuenta con cuarenta y dos años de vida artística, no pude menos que asombrarme. Aún me cuesta creerlo, sobre todo cuando la vi en escena, si bien es una mujer madura pues no parece que tuviera edad para haber vivido tanto. Supongo que debe haber comenzado muy joven.




Al salir de la función, comentaba eso con Marmota, entre otras cosas. Es una mujer bastante atractiva, con una belleza natural, pues a simple vista no hay rastros de bisturí en su rostro. Facciones europeas, delicadas y unos hermosos ojos verdes que supieron reflejar muy bien el alma de cada uno de los 8 personajes por los que se paseo durante su "conversación" con el público.




Es espectáculo está basado, en las reflexiones personales de la actríz sobre esta profesión. Nos revela, a manera de diálogo informal, algunos de los secretos de la creación actoral, y para ello utiliza como ejemplo algunos de los personajes que ha interpretado en su trayectoria.




Esta experta de las tablas, no solamente sabe expresar y vivir las emociones de sus personajes, sino que las transmite muy bien a los expectadores. Me hizo llorar, reir, angustiar y reflexionar. A esto se refería marmota, cuando al compartir impresiones decía: "es que el buen actor sabe jugar con las emociones del público". Y es verdad, un buen actor te hace entrar en sintonía con el personaje, te lleva a sufrir o a reir con él.




Concluí que un buen actor debe ser empático, es decir, debe tener la capacidad de comprender las emociones del otro, de entender su mecánica interior, o lo que es lo mismo, debe saber ponerse en los zapatos del otro. Francis entiende muy bien esto, y de una manera mágica utiliza, en su paseo por los 8 personajes, el cambiarse los zapatos como el punto focal para asumir su interpretación. Es así, como unos tacones, unas babuchas o unas plataformas nacaradas sirven de documento de identidad para darle vida a la Greta Garbo que Miguel Otero Silva dibujó para "Oficina Nro 1", o a la ocurrente y genial Ramona, en "El Rompimiento" de Rafael Guinand.




Esta talentosa actriz, me dejó muy impresionado, gratamente impresionado debo decir. Tiene una gran habilidad para pasar de un personaje a otro, para apropiarse de la intimidad de cada uno y convencernos de que estamos viendo a Lucrecia de Gilberto Pinto o a Medea de Jean Anuoilh-Eurípides. Estas fueron las interpretaciones más intensas de la velada. Comencé sufriendo con el Drama de Lucrecia, esa pobre inocente vulnerada, ultrajada, desgarrada en su interior pidiendo a gritos a su Nana que la ayudara a limpiarse. Mis lágrimas hubiesen servido para limpiar los sufrimientos de muchos de no haber culminado esta interpretación para mostrarnos a una Greta Garbo intensa, pero menos sufrida que Lucrecia. Más adelante nos compadeceríamos de Clov y nos reiríamos con Ramona y Clitemnestra.




Cada uno de los 8 personajes tenía voz, forma de hablar y gestos diferentes. Lo más asombroso de todo es que para cada uno logró crear una mirada distinta, característica. Era como si dejara de ser ella para permitir que otros fuesen a através de ella. El sufrimiento de Lucrecia era distinto a la tristeza de Clov. La picardía de Clitemnestra cantando en un cabaret con plataformas y estola de plumas no era la misma que se podía ver en la pacata Ramona hablando del cinematógrafo con su abrigo y lentes. Las lágrimas de cada una de las mujeres que lloraron eras propias para cada una, las sonrisas de quienes rieron parecían no pertenecer a la misma boca. Y sin embargo, fue una sola mujer quien esa noche se desdobló en 8 personajes, en 8 historias que tomaron prestadas las propias vivencias para poder manifestarse como ajenas.




Fue una experiencia tan grata que se hizo muy corta. marmota y yo nos quedamos con ganas de que sacara más zapatos y vestidos de ese baúl y nos deleitara con otras interpretaciones. Sin duda alguna es un regalo para el público, recibido con el mismo cariño con que fue realizado. No puedo menos que ponerme de pie y aplaudir como se lo merecen las grandes.
PD: al principio no me llamaba la atención verla, pero luego de que Marmota me convenciera y ver que la entrada era libre, pues me decidí. ¡Gracias Marmota por abrir mis ojos y hacerme disfrutar de este excelente espectáculo!


3 comentarios:

Gustavo dijo...

Heme aquí, devolviéndote tu amable visita a mi tapera web.

Es maravilloso asistir a la magia actoral, ciertamente; aunque un espectáculo como el que vos contás exige una maestría fuera de lo común en el actor.
Debe haber sido hermoso estar presente.
Otra cosa más que me he perdido.

Saludos.

Silmariat, "El Antiguo Hechicero" dijo...

Veo a Francis Rueda y automáticamente la recuerdo en La Señora de Cárdenas, en la compañía nacional de Teatro y un largo etcétera…
Tu post, muy bueno, como siempre, salvo un pequeño detalle. Francis se hizo una corrección en su tabique nasal, muy largo que casi le llegaba a los labios, justo después de La Señora de Cárdenas, no fotografiaba bien.

Todo lo mejor para ti.

gustavo dijo...

SIlmariat, gracias por ese comentario positivo sobre mis post, me alegra saber que lo que hago le gusta a quienes lo leen.

Gracias por la aclaratoria sobre la cirugía de la naríz de Francis. Sin embargo, quería resaltar el hecho de que se ve como una mujer de edad, y no tiene "juventud artificialmente estirada" en su rostro, mucho más allá de los arreglos que se pudo haber hecho en su juventud. Me alegra tenerte como lector frecuente en mi blog, y bueno estaremos pendientes de tu visita.

Saludos.